Litio : El Oro blanco del Siglo 21º

El litio es un elemento químico de símbolo Li y número atómico 3.

En la tabla periódica, se encuentra en el grupo 1, entre los elementos alcalinos.

En su forma pura, es un metal blando, de color blanco plata, que se oxida rápidamente en aire o agua. Es el elemento sólido más ligero y se emplea especialmente en aleaciones conductoras del calor, en baterías eléctricas.

Los inmensos lagos salados ubicados en altitud en esta región son el reservorio de la casi totalidad de las reservas de litio del mundo. Bolivia, bajo cuyos pies se encuentra el principal tesoro de este nuevo “oro blanco”, en el salar de Uyuni a 3.700 metros sobre el nivel del mar, empezará a explotarlo recién a fines de este año. Con 10.000 kilómetros cuadrados de superficie, éste es el lago salado más grande del mundo. Hasta hace unos años, sólo proveía de cloruro de sodio para la alimentación y algunos materiales destinados a la construcción. También constituye una atracción turística.

 Pero desde hace unos años, sus 100 millones de toneladas de litio -50% de las reservas mundiales según los cálculos más pesimistas-, diluidas en una suerte de salmuera cubierta por la corteza de sal, son objeto de la codicia internacional y un maná para Bolivia, siempre y cuando ésta evite volver a caer en la historia de despojo de la que tantas veces fue víctima en el pasado.

 Una cosa es tener el recurso natural, otra lograr que la riqueza que genera permanezca en el país y contribuya a su desarrollo. La tonelada de litio cuesta actualmente 6.000 dólares mientras que una batería recargable para automóviles con ese material vale 20.000 dólares. Es por ello que la clave radica en poseer la tecnología necesaria para su uso industrial (ver nota relacionada).

 El litio es un metal plateado, blando y liviano, que se ha vuelto indispensable para la industria, en particular la de los países desarrollados. Toda la tecnología de punta en materia de comunicaciones lo tiene como insumo fundamental, previa transformación en carbonato de litio: tabletas, computadoras, teléfonos. Y el próximo terreno en el cual se impondrá este nuevo oro blanco es el de la industria automotriz. Dotado de un enorme potencial energético, el litio es la clave para resolver la propulsión de los autos eléctricos, es decir, los vehículos que se vienen. Es el motivo por el cual muchos también llaman al litio oro negro o petróleo del futuro.

 Los planes de producción de automóviles “verdes”, de aquí al horizonte de las décadas de 2020 y 2030, por parte de países como Japón, los Estados Unidos, China y Francia, por citar algunos, permiten predecir que la demanda de litio experimentará un salto fenomenal en los próximos años.  

 Esto explica el interés de grupos como Bolloré (Francia, automóviles) o Mitsubishi (Japón) por ofrecer sus servicios al gobierno boliviano para la explotación del litio de Uyuni. El desafío para el país sudamericano es no perder el control del proceso de transformación del mineral puro en carbonato de litio, pero también, en un futuro no demasiado lejano, fabricar las baterías in situ.

 Al igual que su par argentina, Cristina Kirchner, el presidente boliviano, Evo Morales, expresó ese deseo y su gobierno anunció la inversión de 17 millones de dólares para montar una usina piloto en Uyuni para producir desde fines de este año 40 toneladas mensuales de carbonato de litio. También presentó ocho patentes para proteger el “procedimiento industrial y técnico boliviano para la obtención de carbonato a partir del salar de Uyuni”.

En una segunda etapa, de aquí al 2014, la producción debería alcanzar las 30.000 toneladas por año. Recién entonces, dice el gobierno, se abriría el proceso a la inversión extranjera, siendo los japoneses los que más han avanzado hasta ahora en las tratativas a ese fin.

 Los grandes fabricantes de automóviles miran también hacia la Argentina y Chile, los dos países que, junto a Bolivia, conforman el triángulo del oro negro. En el primer país, por ejemplo, Toyota explota el salar de Olaroz en la provincia de Jujuy con una inversión de 100 millones de dólares. Pero es en el desierto chileno de Atacama donde la extracción de litio está más avanzada, lo que explica que Chile haya conquistado ya el 40% del mercado mundial. La empresa local SQM explota ese desierto de altitud desde donde, tras nueve meses de evaporación en enormes piletas cavadas en al superficie, el metal es llevado en forma de solución líquida hacia la planta industrial donde se lo transforma en carbonato de litio.

 Con un mercado potencial inmenso, el reto para estos países sudamericanos es generar el mayor valor agregado posible a un recurso natural súbitamente valorizado por la revolución tecnológica en marcha.

 

Otros usos

El litio también puede ser usado como desoxidante y para extraer los gases no deseados durante la fabricación de fundiciones no ferrosas.

El vapor del litio se usa para evitar que el dióxido de carbono y el oxígeno formen una capa de óxido en los hornos durante el tratamiento térmico del acero.

Entre los compuestos importantes del litio están el hidróxido, utilizado para eliminar el dióxido de carbono en los sistemas de ventilación de naves espaciales y submarinos, y el hidruro, utilizado para inflar salvavidas

Las baterías destinadas a vehículos eléctricos incorporan sulfuro de litio-hierro, mientras que los marcapasos utilizan baterías de litio-yodo.

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