Los disidentes de la teoría sobre el calentamiento global

Una corriente científica se opone al relato que culpa al hombre por el cambio climático. Quiénes son y qué dicen

La ola a punto de llegar a Manhattan, las sequías más importantes de la historia o huracanes que superan la imaginación de los cultores del cine catástrofe. El brote de nuevas enfermedades a causa de un calor insoportable, la extinción de muchas especies y miles de personas muertas. ¿Y todo por culpa de quién? Del calentamiento global. ¿Y el calentamiento global es culpa de quién? Del hombre.

Esto pregonan desde los militantes ecológicos del Bolsón hasta Al Gore que, al parecer, no tienen en cuenta la teoría disidente. Con mucho menos prensa que la hipótesis de la Organización de Naciones Unidas que responsabiliza al hombre por el aumento de la temperatura, un grupo de científicos sostiene que el calentamiento del planeta es de origen natural: la Tierra se ha calentado y enfriado en otros momentos de la historia.

Esta idea, que tiene sus orígenes en la geología y la paleontología, plantea que el clima está gobernado por millones de factores, desde el caminar de una hormiga hasta la erupción de los volcanes, pasando por los ciclos solares y la concentración de gases en la atmósfera. En definitiva, lo que los disidentes no creen es que exista un cambio climático. Aquí van cinco de los conceptos que se animan a desafiar:

El hombre es el responsable del calentamiento global
La teoría oficial dice que el aumento de CO2 en la atmósfera, debido a la tala indiscriminada de árboles y a la quema de combustible de origen fósil, genera la principal causa del calentamiento global. Postura que Tristán Simanauskas, doctor en Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata, califica de “simplista y monolineal” ya que la complejidad del clima no puede reducirse al análisis de una única variable como el dióxido de carbono.

Desde la entrada en vigencia del protocolo de Kioto en febrero de 2005, la Organización de Naciones Unidas busca por todos los medios que los países reduzcan las emisiones de algunos de los gases de efecto invernadero como el CO2 en un porcentaje aproximado de menos del 5 % dentro del período 2008-2012 en comparación con las emisiones del año 1990. Pero Simanauskas, si bien comparte que la actividad del hombre produce impacto y contamina, considera que hay que dejar de ver al CO2 como un gas ajeno al sistema o un gas contaminante. “El dióxido de carbono siempre existió, incluso en el pasado hubo proporciones más altas de este gas en la atmósfera”, aclara.

La teoría disidente relaciona también el aumento de la temperatura con la actividad volcánica, que se encuentra en uno de los puntos más altos de la historia, y establece que los gases tóxicos lanzados a la atmósfera por las erupciones de volcanes como el Krakatoa en 1883, el Katmai en 1912 y el Hekla en 1947 son superiores a la cantidad de gases contaminantes producidos por la actividad humana durante toda su existencia. A su vez, plantea que los océanos son los grandes reguladores del CO2 del planeta ya que son los que más dióxido generan y retienen: cuanto más caliente esté el agua, más CO2 producirá, y cuanto más fría, habrá una mayor absorción del gas.

Bajo estas condiciones, Simanauskas entiende que el calentamiento global se debe a un aumento registrado de la actividad solar ya que en el último siglo se ha incrementado a un ritmo elevado las emisiones solares. También lo relaciona con que el planeta está saliendo de una era de hielo, y no desestima la participación de los gases de efecto invernadero pero en menor medida y no como fuente de origen.

“Para 2030 se espera que baje la actividad solar y produzca un descenso de la temperatura y me pregunto: ¿qué vamos a decir dentro de unos años? ¿Que solucionamos el cambio climático?”

Al sistema internacional le interesa solucionar el problema
Desde fines de la década del 80 se puso en marcha una súper estructura en torno al medio ambiente. La Organización Meteorológica Mundial y el Programa Ambiental de las Naciones Unidas crearon el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) para que los científicos más importantes del mundo analicen los cambios y brinden soluciones a los países. En 1990, el IPCC afirmó que de seguir con las emisiones de gases de efecto invernadero, cabría esperar un aumento de 0,3 °C por década durante el próximo siglo; por lo tanto, se alcanzarían “las temperaturas más altas de los últimos 10 mil años”.

La alarma fue tal que se creó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC), que se reúne todos los años para tomar medidas globales al respecto, y así se fue conformando lo que muchos científicos denominan “burocracia ambiental”. Pero luego de veinte años de existencia de una súper estructura ambiental a nivel mundial, el tema sigue más vigente que nunca y el fin del mundo parece cada vez más cerca.

El biólogo Sergio Federovisky comparte con la teoría disidente que hay intereses para que la problemática esté vigente. “Instintivamente, el tema ambiental es funcional al sistema, ¿si no de qué vive toda la burocracia relacionada con el cambio climático si se solucionan los problemas? En los últimos 20 años, países y organismos internacionales se ocuparon del tema, todos tienen Ministerio de Medio Ambiente, hay una masa crítica, hay miles de ONG y se gastan millones de dólares al año en solucionar problemas. Entonces cómo se explica que todos los indicadores hayan empeorado: hay un sinsentido o aquello que parecían soluciones ambientales no lo son”, plantea Federovisky.

Por su parte, el autor del libro Globotmía y ex director de Medio Ambiente de Uruguay, Aramis Latchinian, es mucho más radical ya que sostiene que el desarrollo y mantenimiento en el largo plazo de estas “construcciones apocalípticas requiere un gran esfuerzo, desde la ONU, los organismos multilaterales de crédito, la construcción de un discurso seudocientífico y de ser posible algunos Premios Nobel”. Por esto el anuncio del apocalipsis ambiental no le parece casual, sino estratégico.

Estamos atravesando los años mas calientes de la historia
Al retroceder en el tiempo, nos encontramos con un período más caluroso que el actual, al que los geólogos denominan el “Máximo térmico medieval”, que abarcó aproximadamente desde el siglo X hasta el siglo XIV. Para el jefe de Paleontología de la Universidad de La Plata, Eduardo Tonni, no estamos atravesando los años más calientes de la historia y establece que los cambios climáticos existieron y van a seguir existiendo a lo largo de la vida del planeta. Según el científico, en la Edad Media la temperatura era en promedio un grado más que la actual, y eso permitió que existieran viñedos en el norte de Europa y que los vikingos se aprovecharan del derretimiento del hielo en los mares para colonizar Groenlandia y otras tierras periféricas del norte canadiense.

Todavía más atrás en el tiempo, se ven otros períodos cálidos más prolongados, como el denominado “Máximo del Holoceno” durante la Edad de Bronce, donde las temperaturas fueron más altas que las actuales por más de tres mil años.

El nivel del mar podria subir por lo menos seis metros a raiz del descongelamiento de los polos
Cuando Al Gore estrenó en 2006 Una verdad incómoda, parecía que le había puesto fecha de caducidad al planeta. El film establece que si se derrite la capa de hielo de Groenlandia o de la Antártida occidental se elevaría el nivel del mar seis metros, y ciudades como Nueva York, Ámsterdam y Shangai podrían quedar bajo agua.

El mismo informe del IPCC de 2007 establece que la masa de hielo del Ártico se ha reducido durante el último siglo, pero también que en la Antártida las temperaturas no han subido, sino todo lo contrario, han bajado y se espera que su masa de hielo aumente durante el próximo siglo. A su vez, el informe señala que la descongelación del Artico tendrá consecuencias menores sobre el nivel del mar porque su hielo ya está flotando en el agua, por lo tanto el nivel no subirá los seis que dice Gore, sino entre 0,18 y 0,59 metros.

De todos modos, Roberto Kokot, profesor de Geología Marina de la UBA, indica que muchas veces cuando se habla del aumento del nivel del mar, las mediciones se hacen en lugares poco confiables como, por ejemplo, el puerto de Hong Kong, las Islas Maldivas o el delta de Bangladesh, todos lugares que tienden al hundimiento de la tierra. “Por otro lado, los glaciares se expanden y se retraen de forma natural y lo están haciendo dentro de los parámetros normales, teniendo en cuenta que la Tierra viene en un proceso de calentamiento desde mediados del siglo XIX”, completa.

De hecho, así como existió una época más caliente, también hubo una época más fría que se denominó la “Pequeña Edad de Hielo”, en la que aumentaron todos los glaciares. Tuvo lugar entre los siglo XVI y mediados del XIX. En esa época, los inviernos eran mucho más fríos. Incluso hay ilustraciones del río Támesis de Londres completamente congelado y con gente patinando sobre su superficie.

Las consecuencias del cambio nos afectan a todos por igual
¿Cuál es la razón por la que algunos científicos creen que existe un ensañamiento con el dióxido de carbono? Tristán Simanauskas sostiene que el tema está vinculado con cuestiones económicas y políticas: “Luego de que los países desarrollados ya están industrializados, condenar el desarrollo industrial es una excelente herramienta para ponerles un coto a ciertos países emergentes”, plantea. El IPCC determina a qué tasa de crecimiento industrial puede avanzar cada país. En cuanto a China, ¿molesta el CO2 que emite o el avance industrial que tiene? Creo que la idea es controlar a los emergentes. Su recomendación: que los países en desarrollo dejen de invertir en investigación para mitigar el calentamiento global y empiecen a hacerlo en adaptación a los cambios, como por ejemplo: correr franjas productivas o mover poblados.

En cuanto a la discusión sobre el uso de fuentes de energía como el petróleo y el carbón, Simanauskas señala que el uso de esa tecnología puede tener impactos negativos, pero su no uso tiene impactos mucho más grandes sobre los países en desarrollo. “Se ha transformado al dióxido de carbono en un monstruo y no se tiene en cuenta que en lugares como África sin estas tecnologías, y con paneles solares, nunca van a llegar a la industria siderúrgica, ni a trenes eléctricos ni al nivel de vida que conocemos en los países desarrollados.”

En relación con esto, Latchinian comentó que los ambientalistas muchas veces tienen un papel reaccionario que linda con lo criminal. “De repente sacan un eslogan para prohibir todos los plaguicidas porque dicen que son malos para el ambiente, como pasó con el DDT. Esto sólo respondía a los intereses de algunos países desarrollados que, por supuesto, no tenían que controlar al mosquito que transmite la malaria. El resultado directo de la prohibición del DDT es que una enfermedad que se tenía prácticamente bajo control en África resurgió de manera dramática. La malaria volvió a ser la principal causa de muerte infantil en menores de cinco años en ese continente”, afirmó.
  
FUENTE: Agencias

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