Retrasos en la minería del cobre – Chile y Perú

Gran parte de la inversión minera en Chile y Perú posiblemente se realizará, pero mucho más tarde de lo previsto, generando un déficit de oferta global.

DESDE 2004, con el auge del precio del cobre, las promesas de producción de las empresas mineras fueron más optimistas que la realidad. Entre dicho año y 2011 la oferta global de cobre creció un 42% menos que la demanda, y la producción de Chile se estancó. Las promesas de inversión se traducen en producción e involucran estimaciones de las empresas sobre los plazos para concretar los proyectos. Su retraso aumenta los costos.

 Antes de 2003, las promesas de producción eran inferiores o similares a lo cumplido finalmente, porque había capacidad de producción ociosa debido a los bajos precios imperantes desde 1997. Las razones de retrasos de inversión minera desde 2004 a 2008 fueron tres. Primero, el debate sobre la duración del auge de precios aplazó la decisión de nuevas inversiones hasta poco antes que comenzara la crisis financiera de 2008. Segundo, el envejecimiento de las minas requiere cada vez más inversión para mantener la producción, llegando a cerca del 50% del total en Codelco. El aplazamiento de inversiones creó una merma en producción, sobre todo en las minas gigantes. Ello por motivos naturales y técnicos. Tercero, el retorno del nacionalismo de los recursos en muchos países, con aumentos de tributos mineros, e incluso la nacionalización de algunas minas.

 Tras la crisis de 2008, con un auge de precios prolongado por delante, se decidieron inversiones por unos 160 mil millones de dólares entre 2012 y 2020 en Chile y Perú, con lo que estos conservarían más del 40% de la producción mundial. Sin embargo, el retraso de los proyectos se agudizó por tres motivos adicionales.

 En el caso de Chile, las mayores exigencias de la autoridad ambiental paralizaron varias inversiones. A ello se sumó el reciente fallo de la Corte Suprema, invocando por primera vez el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, a favor de una comunidad diaguita en el proyecto El Morro, en Atacama. El período de ajuste de la nueva legislación ambiental en Chile, así como la aplicación del Convenio 169 apenas está comenzando y, hasta que ello concluya, las formas de abordar los desafíos ambientales y las negociaciones con pueblos originarios serán inciertas. En Perú, los aplazamientos de inversiones debido a disputas entre mineras y comunidades es habitual. La escasez de ingenieros “senior” con experiencia, tanto en las empresas de ingeniería como sus contrapartes en empresas mineras, induce a la realización de más errores que lo usual en los proyectos.

 Finalmente, el aumento fenomenal de los costos de inversión desde 2008, exacerbado por el debate sobre la energía, detuvo numerosos proyectos, ya que las compañías no pueden aumentar sus compromisos financieros indefinidamente. Bajar los costos implica buscar otras soluciones y rehacer parte de la ingeniería. Es imperativo deshacer aquellos nudos que retrasan la inversión y que están a nuestro alcance. Un beneficio de estas promesas incumplidas es que gran parte de la inversión minera en Chile y Perú posiblemente se realizará, pero mucho más tarde de lo previsto, generando un déficit de oferta global y, por ende, un alto precio del cobre hasta más allá de 2016.

Fuente: Diario La Tercera Chile version online

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