Sustentabilidad en el Desarrollo

La década de las preferencias en el campo de la inversión internacional

Petróleo, gas, industrias de la moderna competitividad, minerales, papeles de negocios, adquisición de activos en lejanos países? ¿Dónde está el negocio? Muchas de las corrientes inversionistas tienen una estructura de decisiones estratégicas, otras someten las decisiones a un estudio en las cadenas de valor y, otras, van por las grandes fusiones hacia la conformación de la empresa global. Las oscilaciones que se producen en los mercados bursátiles, la fuga de papeles de negocios en diferentes direcciones, la quiebra de gigantes de la economÌa mundial, la sofisticación del fraude en el manejo de la política contable, ha cambiado la faz del mundo de los negocios.

desarrollo-sustentableComo diría Alvin Toffler “Las tremendas oscilaciones en los precios del mercado bursátil han bombeado la vida fresca a un debate que hace tiempo se ha prolongado entre inversores, funcionarios gubernamentales, líderes empresariales y el público en todo el mundo desde Seul hasta San Pablo”, y se preguntarÌa luego: “¿Ha cambiado la nueva economía?”.

Diríamos que en las actuales circunstancias la sociedad global pasa por el momento más dificil de su historia, con coyunturas agudamente críticas y en un marco de relaciones aún insospechadas. Cohabitan diversos mundos en que las corrientes del pensamiento tienden a agudizar aún más la crisis que ha hecho explosión en la sociedad. Y como latinoamericanos, diríamos que vivimos la crisis en cada instante en que las acciones políticas dan muestra de una tremenda desorientación.

Hemos leído recientemente un enfoque aparecido en uno de los medios más prestigiosos del país. la revista Mercado, que al señalar sobre “La otra crisis del capitalismo” dice: “Esta no es la crisis esperada. O en todo caso no es la única. Al comenzar la década pasada, con el fin de la Guerra Fría y del mundo bipolar, apareció el gran debate de fin de siglo, el de la crisis interna del capitalismo, o mejor aún,  el del futuro del capitalismo”. Y sigue: “Desde el punto de vista de la distribución del ingreso hay dos tendencias preocupantes: La primera es la desigualdad. Cada vez es mayor el número de personas que está económicamente peor que antes. Esto ocurre en todos los paÌses, en todas las industrias y en todas las categorías de ingreso. Hay una brecha creciente en la distribución de los asalariados. No sólo crecen las desigualdades entre grupos. Dentro de un mismo país hay trabajadores que ganan más que otros que tienen el mismo nivel de preparación”.

“La segunda tendencia, – dice Mercado -,  es la caída de los salarios,  para la mayoría de la gente los sueldos están bajando. Aquí tampoco hay grupo que se salve. Para principios de la década del noventa, el salario real del varón cayó para todas las edades, para todas las industrias, ocupaciones y nivel educativo. Y lo que más sorprende es que los salarios caen aún en economías cuyo PBI está en alza”.

Este panorama, que está embanderado en todas las corrientes de opinión y que forma parte de las grandes discusiones de los foros internacionales,  en los cónclaves de la Organización Mundial de Comercio, en las reuniones del Grupo de los Siete y, fundamentalmente, en el Foro Económico de Davos, forma parte del futuro desarrollo económico mundial. Dijo Francis Fukuyama, el pensador que escribió “El fin de la historia”, que “El gran desafÌo de los próximos años se puede sintetizar en los disturbios ocurridos en Seattle durante la última reunión de la Organización Mundial de Comercio – OMC . En el futuro cercano el conflicto dominante será por el manejo de la globalización”.

Los fundamentos del desarrollo

El desarrollo, tal como venimos analizando en estas notas, está enfocado sobre la base del pensamiento económico de la actualidad, cuya concepción parte de premisas efinidas, particularmente en la década de los años noventa. Se centra en el desarrollo económico de América Latina y, de una manera particular, en el desarrollo de la minería. Y esto tiene mucho que ver con los rumbos de la política internacional.  Hemos sido sorprendidos frecuentemente por los cambios de rumbo en este dificil camino del desarrollo y hemos logrado entender que, como sociedad, debemos asumir responsabilidades siguiendo estos acontecimientos de una manera inseparable de la realidad.

Debemos entender también que los años del liderazgo convincente, que sostenÌa el idealismo y la utopia,  han quedado atrás y que hoy vivimos una constante del desafío que significa asumir el papel de productores competitivos de materias primas en general y, en particular, de lo que en cada país o en cada región, se ha venido mostrando una inclinación hacia la especialización en la monoproducción de determinado producto primario.

Sin embargo, predomina en el campo del desarrollo, aún en nuestra región poco comparable con los países centrales, las corrientes ideológicas de la globalización,  en las que estamos embarcados todos los países en general, cualesquiera sean sus condiciones culturales, sociales e incluso económicas, aspecto que es lo que en realidad, deseamos desarrollar frente al retraso histórico regional.

¿Qué camino elegimos nosotros?

Elegimos el camino del comportamiento racional, del entendimiento en que se fundan los nuevos escenarios del desarrollo. América Latina apareció en el curso que había tomado la globalización, se aceptaron las reglas internacionales en el marco de las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio y se aceleraron los tiempos de actualización de las vías de la democracia y la institucionalidad. Se aconsejaba en círculos de inversión y desarrollo que, América Latina, debía tomar muy seriamente la necesidad de revisar sus estrategias económicas  a mediano plazo y que pusiera énfasis en la educación, la mano de obra calificada,  por cuanto la inversión se desplazaba en esa dirección. Y así lo hicimos – estamos en ese camino – pese a la crisis.

Siguiendo ese camino, América Latina se encontraba hacia finales del Siglo XX en pleno proceso de superar las adversas influencias de la economía internacional, que condicionaban las políticas económicas aplicadas y el desempeño de los países. La constante caída de los productos básicos – minerales principalmente –  así como la inestabilidad y el deterioro de las condiciones del financiamiento externo, se tradujeron en una transferencia neta de recursos negativa de toda la región. Se asistía de esta manera a situaciones más graves aún, principalmente en el campo de la producción con el consiguiente agravamiento del desempleo.

En su informe económico CEPAL señala que, al ingresar al Siglo XXI, América Latina se encontraba frente al agravamiento de sus condiciones económicas y sociales, que aceleraban el desempleo y la pobreza. Que la crisis financiera internacional seguía siendo el factor dominante de las tendencias económicas de la región y que el brusco descenso de las entradas de capital, unido al alto volumen de pagos al exterior por conceptos de intereses y dividendos,se tradujo en una transferencia negativa. A la vez, el bajo precio de los productos básicos – con excepción del petróleo – junto con la caida del comercio intraregional en América del Sur, provocaron una disminución de los ingresos provenientes de las exportaciones en muchos países.

¿Qué hacer?

Documentos del Banco Mundial reflejaron en la realidad de las relaciones internacionales la situación de desigualdad que venía tejiéndose en la actividad comercial del mundo entero. En este panorama se proponía considerar el desarrollo desde una nueva perspectiva, donde se tengan en cuenta las diferencias de conocimientos entre unos y otros países, e incluso, dentro de un mismo país, y observar los problemas de información que socavan los mercados y obstaculizan la intervención estatal.

Estas diferencias y deficiencias – se decía – son particularmente acusadas en los países más pobres y actúan precisamente en detrimento de los más necesitados. El principio general de que las instituciones deben actuar aprovechando sus ventajas actuales que, comparadas con el pasado, son muchos más evidentes, parecería indicar que el sector público debería – o debe – centrar la atención en las actividades que el sector privado no puede realizar. Es decir, el Estado debe concentrarse en actividades cuyo efectos secundarios revistan especial importancia, que tengan características de bien público o que traten de dar solución a los problemas de distribución. Hemos señalado recientemente que el Estado debe asumir un rol conductor, teniendo en consideración que la mundialización y la gestión de los asuntos públicos no han evidenciado hasta hoy una distribución  equitativa de sus beneficios por lo que provoca reacciones negativas.

¿Cómo nos encontramos hoy?

La stuación en diversas regiones del mundo es conflictiva. Nos dice  Joseph E. Stiglitz, – premio Nobel de Economía 2001 –  que “los alborotos y las protestas contra las políticas y las medidas de las instituciones de la globalización no son desde luego una novedad. Durante décadas los pueblos del mundo subdesarrollado se han rebelado cuando los programas de austeridad impuestos en sus países han sido demasiados severos, pero sus quejas no solían tener eco en Occidente. Lo nuevo  hoy es la ola de condenas en los países desarrollados”.

Y las diferentes manifestaciones de crisis en los países de América Latina tienen su origen en este escenario de la economía mundial. Nuestro país entró en crisis, no sólo porque se quiso cambiar de modelo, sino porque no encontraba alternativas en el marco de la economía mundial cuyas consecuencias gravitaban enormente sobre los esfuerzos por sostener un modelo económico. Su cambio, sin embargo, requería el establecimiento  de pautas económicas que favorecieran el crecimiento y detener los avances de la marginalidad, el desempleo y la pobreza. Como puede observarse, se hizo todo lo contrario y esto produjo la crisis más dificil de la historia.

Recurrimos a las definiciones de Gabriel Rubistein – periodista de Noticias – para resumir la situación en que nos encontramos. Dice, entre otros conceptos que, “Mantener a salvo la Convertibilidad, a salvo los ahorros de la gente, a salvo la capacidad de mantener accesos al crédito a empresas y particulares, hacer las cosas de modo que el Estado pudiese volver a ser sujeto de crédito, todas esas cosas eran muy difíciles de hacerlas, y muy difíciles hacia fines del año 2001. Requerían de mucha idoneidad, mucha capacidad de ejecución, mucho entendimiento de nuestro Congreso y del Ejecutivo. Pero mucha más capacidad aún se necesitaba para terminar con el mal llamado “modelo”. ¿Fue así? No, fue una tremenda y desafortunada improvisación. Así quedamos y así estamos.

Evidentemente, tenemos que cruzar estas barreras de la incertidumbre y la desazón y encontrar mejores circunstancias, refugiarnos en aquellas ideas que generan quienes bregan por encontrar alternativas de solución para estos problemas que se debaten en diferentes regiones del mundo.

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